domingo, 7 de febrero de 2016

Darnos el permiso y la oportunidad de ser AUTÉNTICOS

"He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos."
El Principito

Nos pasamos la vida corriendo de un lado a otro, pretendemos llegar a muchas cosas, hacer cuanto más mejor, porque según lo que hagamos asi nos valoraran los demás. Y ahora bien, aquí está mi pregunta, ¿en cuántas de esas cosas estamos, hacemos y somos de verdad? ¿Qué de todo eso que hacemos nos hace vibrar?

Si no se te ha pasado nada rápido por la cabeza, quizás, en mi humilde opinión, deberías pararte a pensar que es todo lo que haces porque debes, tienes que… y no es porque quieres hacerlo o te apetece.

Cuando nos cuesta ver las letras de cerca o de lejos, cuando no vemos con claridez y lucidez las cosas, personas, animales… las vemos borrosas, vamos al oftalmólogo y nos ponen unas gafas, a cuales más bonitas, originales y que pegan con nuestro estilo, que nos arregla ese problema.

¿Y si lo que me pasa es que no soy capaz de diferenciar las cosas buenas de mi vida y me paso el dia lamentando? ¿O si no soy capaz de distinguir un detalle que marca la diferencia? ¿O esa sonrisa que estaba puesta para alegrarme el día?  ¿Y si mi cabeza se llena de malas palabras cuando veo a una persona en la calle que no tiene la buena pinta que se supone que hay que tener? ¿Y si…?

Cuando me pasan estas cosas, cuando es la mirada del corazón la que no enfoca bien, ¿Dónde voy para que me la arreglen o me den un remedio?

Yo no sé cuál es la respuesta correcta, creo que no las hay. Creo que hay muchas validas. Creo que lo que primero que necesitamos es tomar conciencia de que en el mundo hay más cosas que las que salen en la tele, que la felicidad no depende de otros, no depende de lo que lleve puesto o del dinero que gane a final de mes. Si, son factores que influyen, y ahí no voy a entrar a discusión, pero no son lo más importante.

Creo que lo más importante para poder enfocar la vida con los ojos del corazón es conectar con el propio corazón, darnos el permiso y la oportunidad de ser AUTÉNTICOS.  Cada uno somos de una manera, con nuestros más y con nuestros menos, pero eso nos hace inmensamente especiales. ¿Por qué entonces no potenciarlo?

Quizás nos da miedo, porque no es algo medible, no hay nada que nos diga tu gastas una 38 de autenticidad y tu una 42… ¿y si lo hubiera? ¿Cuánta mas talla mejor o siempre hay que buscar tener una 36-38 para no romper los cánones?
Valoramos a las personas por su físico, es algo cuantificable en cierta medida (valga la redundancia). Podemos saber si alguien está entre los delgados si usa una S o si gasta una 34 de pantalón, es normalita y dependiendo de la constitución si va con una M o una 38 y quizás ya empiece a estar gordita si usa L o una 42-44.

Es una tía maja si me deja las cosas, si me ayuda cuando lo necesito, si está ahí o lo típico si es amiga de sus amigos. Y quizás es un poco borde si suelta comentarios muy tajantes, si a veces gasta una mala cara…

Pues no amigos, bajo mi punto de vista, todo son estereotipos que nos han ido metiendo en la cabeza. Creo que cada persona es un mundo y cada mundo necesita ser descubierto, cuidado y respetado. No cerremos puertas a conocer a alguien solo porque sus pintas no encajan con las mías o porque no es de mi estilo, porque quizás nos estemos perdiendo un tesoro en bruto.

Rodearos de personas que vibren, que encuentren cada día un gran motivo para sonreír en lo más pequeño y que desde lo más pequeño luchen por cambiar el mundo. Personas que les brillan los ojos de manera especial, porque quiere decir que están conectados con su corazoncito. Que hagan cosas distintas porque les enriquecen. Que dediquen su tiempo a lo que quieren y les hace evolucionar y no solo a aquello que “debo o tengo que hacer”. Que rían, que rían mucho que la risa es el motor del mundo. Pero también que lloren, que muestren su vulnerabilidad en momentos de dolor y que se repongan, que crezcan con ellos. Personas que sientan, que expresen emociones, que rebosen vida.


Personas que para mí, son AUTENTICAS.

martes, 12 de enero de 2016

Todo cambia. De todo se aprende.

¡Cómo cambia la vida y cuanto aprendo cada día que vivo en ella!

Con este pensamiento acabo el día, un pensamiento de agradecimiento hacia la vida, hacia lo que me acontece cada día, lo que aprendo, lo que siento, lo que vivo, lo que me construye y lo que a veces hace que todo se tambalee.

¡Cómo ha cambiado todo! ¡Cómo he cambiado!

Si alguien me dijera que iba a salir de todo lo pasado tan fuerte, tan valiente y con tantas ganas de hacer tantas cosas, quizás no me lo creería, pero gracias al trabajo personal, a mi familia y a tantos amigos que me han acompañado en los momentos no tan buenos he llegado al día de hoy.

Hoy no es todo bueno, pero tampoco hace que lo sea. Cada dia presenta sus obstáculos, sus retos, situaciones que hacen florecer mis miedos, que me recuerdan que soy limitada y que a veces pedir ayuda viene bien. Pero también son estas situaciones las que me ayudan a conocerme mas, a saber con quién puedo contar y con quien no, quien es apoyo y amigo y quien es colega. Son estos momentos donde mi lado positivo y mi optimismo, trabajado durante todo este tiempo queda reflejado y donde me reconozco llena de vida y fuerza para luchar por lo que yo considero que de verdad importa.

He aprendido que quien te quiere, te hace llorar, llorar de la risa,  también te hace sufrir,  sufrir unos dolores terribles en la cara y en el abdomen de no poder parar de reír, te hace aprender, de ti, de cómo te relacionas con otros, de lo que te gusta, de lo que es algo intocable y de lo que se puede negociar. Quien te quiere no tiene por qué estar 24 horas a tu lado, o hablando contigo, porque quien te quiere de verdad lo demuestra en un instante, te cuida siempre aunque no lo percibas y está a tu lado, nunca se va.

Sé que he cambiado. Y ya no me asusta reconocerlo. He cambiado y soy feliz. El momento de crisis dio lugar a un Kairos (momento de oportunidad), y agarre bien fuerte y lo aproveché y aprovechó.

He comprendido que no necesito que mi felicidad dependa de nadie, que soy yo la responsable directa, y que todo mi entorno tiene también un papel importante en eso, pero en la medida que yo quiera que cada persona participe y en la medida, claramente, que la persona quiera participar. He comprendido que decir No, cuando quiero y siento que tengo que decirlo no es malo, todo lo contrario es lo que tengo que hacer. También he sentido lo que es valorar una sonrisa de alguien desconocido como un gran regalo de un día y lo inmensamente rico que te hace sentir. Que la mejor melodía es una risa, el mejor saludo es un abrazo y que una mirada sincera dice muchas veces más que unas cuantas palabras.

Que no tengo por qué dejar de ser yo misma, con mi chándal o mis vestidos, con las deportivas o los taconazos de vértigo, súper pintada o con la cara lavada, tengo y quiero darme la libertad de ser como soy en cada momento, una montaña rusa, alguien natural como la vida misma, y que si alguien algún día se fija en mi, será en Carolina en chándal después de entrenar, en Carol en vaqueros y sudadera ancha en clase o en Carol con vestido y tacones a punto de irse de cena o de salir de fiesta, porque lo importante no reside ahí, lo importante reside en lo que soy. Y creó, humildemente y aun sin creerlo 100% que soy alguien que merece la pena conocer, porque sorprendo. Y no hablo solo de pareja eh, hablo de amistades, de colegas, de conocidos, de compañeros… hay que saber enamorarse de uno mismo, de la familia, de los amigos y amigas, de los lugares, de momentos y tener siempre cerca a esas personas capaces de convertir un instante en un gran momento.




miércoles, 9 de septiembre de 2015

Donde pongo mi corazón

Esta aventura llega a su fin y con ella casi toco el final del verano, un verano cargado de recuerdos, historias, personas y sobre todo lecciones bien aprendidas.

Puedo decir que este verano me ha enseñado a cerrar heridas y a curarme. Me ha regalado una fuerza extra. Y me ha grabado una gran lección, “allí donde tienes tu corazón, tienes un tesoro”.

Durante estos meses me he repetido día tras día una pregunta, de esas que son sencillas de formular y responder si lo haces sin pararte a pensar, pero complicadas si te propones contestar sinceramente (supongo que como la mayoría de preguntas que nos hacemos y repercuten en nuestra vida), y la sencilla y compleja pregunta es “¿Allí donde yo diariamente pongo mi corazón reconozco un tesoro?”, también me la formulaba de otra manera, “¿Quiero el tesoro donde pongo mi corazón día a día?” o “¿En verdad pongo mi corazón en eso que considero que me hace feliz, y por tanto, cuido o debería cuidar cual tesoro que es?”

Cambiar la forma de preguntarme lo mismo, era por facilitarme la tarea de contestar, pero no lo lograba, al contrario complicaba las cosas aun más.

Después de todo el verano dándole vueltas y consiguiendo pocas respuestas sinceras, aquí en Sevilla he encontrado la respuesta. Tras días un poco raros, me he dedicado a observar a la enana de mi prima, y he comprendido lo que es poner el corazón en algo, y considerarlo por tanto un gran tesoro. He visto como todo los momentos importantes para ella en casa están acompañados de su mantita rosa,  como la ayuda a crear un sillón súper cómodo en el suelo, como la arropa cuando tiene algo de frio y como la da seguridad y se lleva los miedos a la hora de irse a dormir. He descubierto el papel tan importante que tiene para ella su mama, es su compañera de camino, a la que le cuenta los secretos en el oído para que nadie más los oiga, como juega con ella, regaña con ella y la regala un “te quiero mucho”, y aunque se enfaden, se peleen siempre hay una bonita reconciliación en la que no se guarda nada de rencor. Como busca los abrazos de papa, sus miradas de complicidad y la aprobación de él diciendo que son del mismo equipo, del mejor.

Y ahí, me descubro yo en mi día a día con muchas personas, en muchos lugares y con muchas tareas, propias o encomendadas, adquiridas por propia voluntad o prestadas de alguien que en ese momento se descargo conmigo y no reconozco tesoros en todos esos sitios, aunque muchas veces si reconozco mi corazón, porque reconozco el dolor que me produce perderlo o la rabia porque no salga bien.


Y aquí va mi propósito de este curso, quiero poner mi corazón en aquello que quiero considerar un tesoro, y responsabilizarme de cuidarlo, quererlo, trabajarlo, como un tesoro merece, aunque suponga renunciar a diferentes partes de mi vida, que quizás no son el momento de cuidar o quizás no son mis tesoros. Es hora de priorizar, de decidir, desde el corazón y contando con lo que Él quiere para mí. Es hora de abrir los oídos y el corazón, ponerme en Sus manos, y decir de verdad, “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

De nuevo Septiembre.

Septiembre. De nuevo mi mes. El segundo mes del año que te da la oportunidad de empezar de nuevo, casi como Enero. Estrenas curso y no cambio de cifra del año. Eso tiene algo bueno, no gastare tipex innecesario cuando al poner la fecha no cambie el año.

¿Es el comienzo lo que me da miedo o es no saber cómo será el final? ¿Es este tambaleo de última hora un augurio de lo que tiene que venir este curso? En caso de ser así, ¿seré capaz de dejarme llevar o seguiré luchando por controlar?

Si algo he aprendido en este último curso es que la vida es impredecible y por más que intente controlar, las cosas saldrán como tienen que salir en realidad. Y últimamente parece que lo que tiene que salir es contrario a lo que yo quiero, y si no es contrario, si muy distinto. Y por eso, tras un día de esos que el nudo en el estómago amanece contigo y no te deja sola ni para irte a dormir, me intento imaginar un curso sin controlar. 

Con esto no quiero decir que vaya a pasar de todo y que las cosas ya pasaran como tengan que ser, eso sería demasiado irresponsable y alocado incluso para mí, pero si dejarme llevar (que dicho sea de paso, suena hasta bien), no forzarme a sentir cosas que no siento y no ponerle frenos cuando si sienta de verdad, no preguntarme constantemente que expectativas tiene el otro de mí, sino forzarme a hacerme feliz (yo a mi), cambiar mis armaduras de miedo, frialdad, bordería, distante, fuerza… por un manto sencillo (como el guerrero de la luz), un manto de Fe, quiero tener presente mis dos palabras favoritas “confía” y “permanece” siempre teniendo presente que también tengo que currarme mi parte, quiero dar lo mejor de mi (que poco a poco voy descubriendo que es mas de lo que yo pensaba), y quiero un curso con agotamiento fruto del no parar, mucho estudio y poco sueño, café en abundancia, fiesta, cervezas con amigos y noches de confesiones, tardes de no hacer nada, baloncesto… pero sobre todo un curso en el que sea feliz y me sienta feliz por lo que tengo, lo que lucho por conseguir y lo que soy.


Septiembre es el mes de volver, pero yo quiero elegir como volver. Y esta vez, no sé cómo será la acogida pero sé que vuelvo como hace mucho me fui, con mi sonrisa, mis ganas y muchos sueños por cumplir.

miércoles, 22 de julio de 2015

Algo en mi ha cambiado.

Aquí estoy. Como cada noche antes de irme a dormir, el ritual de siempre. Me he lavado los dientes, me he echado crema en la cara, me he lavado las manos y me he deshecho la coleta y cepillado el pelo, arrancado algún mechón y he vuelto a recoger mi suave melena en una coleta para combatir el calor de la noche.
Pero esta vez me he parado a mirarme, me he fijado en mi cara poco a poco, parte por parte; la frente, la nariz y esa cicatriz que cada vez se reconoce menos, mis labios, cada lunar que tengo, que no son pocos, mis ojeras fruto de los madrugones…
Quizás mi cara siga siendo la misma que hace tiempo atrás o quizás no. Esta noche me he topado con una medio sonrisa dibujada en ella sin ninguna razón aparente, eso hace unos meses no está ni por asomo ahí. Se me ha escapado una lagrima, eso se parece a meses atrás, pero esta vez ha sido fruto de la emoción contenida, del conmoverme, del recordar y verme ahora.
Y es que, aunque quizás mi cara guarde un gran parecido a estos meses atrás, mi yo interior, mi corazón no. Ahora comienza a estar entero, es decir, hace meses se rompió, me rompí y parecía que iba a quedar así para siempre. Se que no va a volver al de antes, ni que yo voy a volver a ser la misma, pero tampoco quiero que sea así.
Durante este tiempo he aprendido cosas, me he dado tiempos para conocerme, para saber que cuando tengo un nudo en la garanta que parece que me voy a ahogar lo único que necesito es ponerme una banda sonora de una de esas películas ñoñas que tanto me gustan y llorar, no por nada ni por nadie, solo porque necesito descargar, limpiarme, vaciarme para poder volverme a llenar de vida. He aprendido que la noche antes de algo importante me duele la tripa, que también tengo nervios y que por mucho que lo intente no soy de acero. He aprendido a superarme y mandarme mensajes positivos, sobre todo cuando corro, pero poco a poco lo voy derivando a mi dia a dia, a los estudios. He aprendido que mil post-it en la ventana, con mis mensajes positivos me ayudan a recordar porque estudio y a centrarme y rendir en ello. Que cuando me agobio, nada parece estar bien, mi cabeza va a mil por hora y voy a explotar, lo que necesito es salir a correr, ponerme la música a tope y dejarme llevar a cualquier lado hasta que el cansancio diga “no más” y entonces me demostrare a mi misma que no hay límites y que puedo un poco más que el dia anterior. He aprendido que pedir un abrazo no me hace menos, que mostrar lo que siento me hace persona y que ser valiente no implica no tener miedo. Me he enamorado este año de mi familia y su apoyo incondicional y de esos amigos que siempre han estado ahí, incluso en los momentos que menos me lo merecía.
Y cuando menos lo esperaba, han aparecido personas fantásticas en mi vida que me dan lecciones diarias de amor, servicio, humildad, entrega… que me hacen sentir que el Padre vela por mí y me cuida, con los de siempre y con ellos, que no estoy sola y que también tengo un servicio que hacer, pero antes de ponerme a ello en cuerpo y alma como él me sueña, tengo que dejarme sanar y cuidar. Ahora se que para poder volver a preguntarle ¿Dónde puedo amar mas y mejor? Tengo que dejarme amar. Porque no se puede dar de lo que no tienes, y se que últimamente lo estoy recuperando porque me estoy dejando querer. Un paso dado. Con el primer paso se empieza el camino, ¿no?

Vuelvo a mirarme, sonrío, y esta vez la sonrisa no es media, sino que se dibuja en toda mi cara. Algo esta cambiando. Me estoy reecontrando. Me estoy recomponiendo. Me estoy cuidando y curando.

domingo, 19 de julio de 2015

Sigo en camino

Hoy escribo intentando poner orden a mi caos. Si bien es cierto que he ido dando pasos hacia ello esta mañana, todavía me encuentro resituándome en el camino. 
Parece que el horizonte aunque parecía perdido sigue brillando a lo lejos, sigue siendo esa meta a la que quiero llegar y que el camino sigue estando con sus piedras, con compañía, quizás no la misma en su totalidad pero si con manos que han ido cuidando y acompañando desde hace tiempo y nuevas que se ofrecen a cuidar y acompañar desde la novedad y ese momento del camino. 
También sigue habiendo bifurcaciones, señales que indican a varios sentidos y un paisaje cambiante, como la climatología que lo acompaña. Lo que es distinto esta vez en este paisaje, soy yo. Yo sigo siendo Carolina, sigo teniendo mis cosas buenas, que poco a poco voy reconociendo, aceptando y queriendo, y mis mierdecillas, mis diferencias o disonancias, que también me hacen especial, en las que tengo que trabajar pero querer de igual manera.
A demás me descubro en el camino con ideas nuevas sobre el mundo, sobre las personas, sobre el servicio y sobre mi mundo. Me descubro buscando respuesta a preguntas casi sin formular, con ganas de aprender mas y mas sobre tantas cosas que desconozco pero que quiero conocer.
En el camino, también encuentro sueños cumplidos, obstáculos que parecían insuperables ya a mi espalda, y en mi mochila las lecciones que al pasarlos he aprendido.  
Y lo mas bonito de revisar mi camino, de echar la vista atrás y comprobar lo avanzado, encuentro algo que me roba una sonrisa y me alegra el corazón, encuentro una lección que ha dejado de ser teórica y la he llevado a mi vida, la he vivido, la vivo cada día aunque muchos de esos días es inconscientemente, cada  paso que he dado me ha acercado más al Padre, me descubro cuidada por Él en mi debilidad, amada cuando menos lo merecía pero mas lo necesitada, afortunada por tantas personas de las que se sirve para acompañar mi camino y sorprendida de la cantidad de espacio que le he cedido de un tiempo a esta parte en mi vida, en mi cotidianidad. 


“El guerrero de la luz se concentra en los pequeños milagros de la vida diaria. Si es capaz de ver lo bello, es porque la trae dentro de si, ya que el mundo es un espejo y devuelve a cada mujer el reflejo de su propio rostro. Aún conociendo sus defectos y limitaciones, el guerrero hace lo posible por mantener el buen humor en los momentos de crisis. Al fin y al cabo, el mundo se está esforzando en ayudarlo, aún cuando todo a su alrededor parezca decir lo contrario.”

miércoles, 8 de julio de 2015

Echo de menos

Otra noche en este cálido verano de Madrid. Aun con la ventana abierta de par en par no consigo que entre ni una bocanada de aire que libere los mil pensamientos que ocupan mi mente, esos que se entremezclan con mis sentimientos, las dudas, las contradicciones, los enfrentamientos cabeza corazón y los protagonistas de siempre, mis miedos. De fondo suena mi música, la que uso mientras escribo, la que me lleva a mil lugares con solo cerrar los ojos y permitirme evadirme de todo aquello que no sea la melodía que marca la canción.

Después de un rato con los ojos cerrados y los recuerdos fluyendo por mi habitación me doy cuenta que lo que hoy me pasa es que echo de menos, y no echo de menos a alguien, sino mas bien algo.

Echo de menos esa sonrisa robada sin motivo, ni momento esperado.
Echo de menos una caricia que rompa todas las ataduras que no me dejan libertad.
Echo de menos encontrarte en el lugar menos esperando y preguntarme qué pasará por tu mente cuando tu mirada se cruza con la mía.
Echo de menos el sonido que produce un “te quiero”.
Echo de menos mi corazón palpitar cuando alguien te responde "yo también te quiero".
Echo de menos que me pille la madrugada hablando por teléfono, y que las horas de sueño sean lo menos importante porque estoy enfrascada en una conversación cuyo único propósito es cambiar el mundo, mi mundo, tu mundo.
Echo de menos picarme por tonterías, acabar en una guerra de almohadas por el lado derecho de la cama.
Echo de menos el sabor de unos labios, unos labios que me den un beso de verdad, un beso sincero, no un beso regalado porque sí.
Echo de menos el ser capaz de soñar despierta, alejada de la realidad, allí donde solo estoy yo con mis sueños y nadie puede venir a molestarme.
Echo de menos esas miradas que lo dicen todo, que regalan silencios llenos de emociones, sentimientos y estados.
Echo de menos un beso en la frente, un beso cargado de ternura, amor y protección.
Echo de menos ese piropo que tan nerviosa me pone, pero que tanto me gusta.

Echo de menos leer historias de amor como antes.